• 2016/10/20
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Slow Food, comer con placer

Cada vez es mayor el número de personas que se suman al ‘slow food’, un concepto que surgió en Italia a mediados de los 80, hoy en día convertido en movimiento internacional y al que se han unido millones de personas en todo el mundo.

Se cumplen ahora 30 años desde que Carlo Petrini, sociólogo y periodista italiano, iniciara una protesta para manifestarse en contra de la apertura de un establecimiento de venta de hamburguesas en la Plaza de España, en Roma.

La protesta sirvió para acuñar un término y un movimiento, asociado a un modo de vida, antagónico a vivir aceleradamente, y una forma de alimentarse, contraria a la comida rápida o ‘fast food’.

Slow Food es hoy en día una organización internacional, presente en más de 160 países, con más de 100.000 miembros asociados y millones de seguidores en todo el mundo. Promueve el alimento bueno, limpio y justo; es decir, bueno porque es sano además de agradable desde el punto de vista organoléptico; limpio, porque presta atención al ambiente y al bienestar animal; justo, porque es respetuoso con el trabajo de quienes lo producen, lo transforman y lo distribuyen.

Slow Food se basa en comer lentamente, poniendo atención en valorar la calidad y la procedencia de las materias primas, potenciando los productos naturales y locales, y dando el tiempo necesario a los alimentos para que alcancen su máximo sabor.

Desde la organización internacional, gastrónomos, productores y sociólogos, abogan por eliminar la palabra consumidor de nuestro vocabulario y sustituirla por la de co-productor, entendiendo como tal a la persona que se informa de cómo se produce el alimento que come, quién lo hace y cómo se hace, convirtiéndose en un colaborador en la cadena de producción. Entre los objetivos que persigue este movimiento internacional se encuentra el de salvaguardar el patrimonio alimentario de la humanidad. Quesos, cereales, vino, verduras, frutas o las razas animales tradicionales que están desapareciendo por culpa de la uniformidad alimentaria y de los agronegocios están en la lista.

Desde Slow Food también se transmite la idea de que es mejor comprar en mercados de abastos, de productores locales o de proximidad, que puedan explicar de dónde provienen los alimentos que se van a consumir y cómo se han producido, para redescubrir la riqueza y los aromas de la cocina local.

Se trata de comer con placer, pero también con responsabilidad, lo que está generando que reconocidos chefs, entre ellos Ferrán Adriá, gastrónomos, restauradores, productores, se hayan ido sumando a este movimiento internacional, que también cuenta con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas.

La organización internacional, con presencia en España, cuenta con un manifiesto, y utiliza como símbolo un caracol.


Y a ti, ¿te interesa saber lo que comes y de dónde procede?

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