SEGURIDAD ALIMENTARIA

El uso de hormonas de crecimiento en los animales está actualmente prohibido en la Unión Europea, tanto en la ganadería convencional como en la ecológica. Este asunto, que suscitó un amplio debate años atrás, sigue generando algún que otro quebradero de cabeza entre los consumidores que desconocen su prohibición. Algunos han querido ahondar más este asunto y nos han preguntado sobre él en los mercados de productos de cercanía en los que participamos. Hoy os ofrecemos aquí un poco más de información.

Desde 2004, el empleo de hormonas y otros promotores del crecimiento en la cría de animales está prohibido en la Unión Europea. Su uso está castigado con altas multas e incluso con penas de cárcel, por el grave riesgo que supone para la salud del consumidor. A través del Plan Nacional de Investigación de Residuos, las autoridades competentes realizan de forma aleatoria y periódica, tanto análisis de la orina del ganado en las explotaciones de origen como controles en los mataderos y salas de despiece, con el fin de garantizar la seguridad de la carne antes de ser ofrecida al consumidor.

Sin embargo, muchas de estas sustancias anabolizantes sí están autorizadas en otros países extracomunitarios, como Estados Unidos o Brasil, cuya entrada de carne en la Unión Europea está permitida bajo un sistema de control que abarca casi exclusivamente los últimos 90 días de vida del animal. De ahí radica la lucha incesante de los productores europeos por reivindicar la calidad de sus productos e impedir que este tipo de carne atraviese nuestras fronteras.

La política de seguridad alimentaria en la Unión Europea está garantizada tras las crisis alimentarias de los últimos años. La Legislación comunitaria obliga a cumplir variados requisitos y efectivos controles, en todos los eslabones de la cadena alimentaria, para asegurar la salud del consumidor.

Con estos mecanismos y una serie de procedimientos pre establecidos se lleva a cabo la trazabilidad. Gracias a ella podemos conocer la historia y ubicación de un alimento en un momento dado. En el caso de la producción de carne de vacuno sabemos de qué animal procede, dónde nació dónde fue criado y con qué fue alimentado, además de seguir la huella de los tratamientos veterinarios que ha ido recibiendo a lo largo de la vida, su edad, fecha y lugar de sacrificio y despiece.

En el caso de nuestro país, las explotaciones ganaderas, los animales y sus movimientos, están registrados en el Sistema Integrado de Trazabilidad Animal (SITRAN) controlado por las Comunidades Autónomas en coordinación con el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. A partir de ahí se controla toda la vida del animal, sus traslados, la alimentación, las condiciones de cría, las vacunas o los tratamientos que recibe, velando por su bienestar y la seguridad en la salud de los consumidores.

Con estos mecanismos de control, las explotaciones ganaderas, sector primario y estratégico, han conseguido ser mucho más competitivas, asegurando la calidad y la salud a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Con este compromiso de calidad nació Cuerda Larga, la marca creada en 2013 por un grupo de ganaderos de la Sierra de Madrid, que produce de forma natural y sostenible, carne de ternera fresca, sin aditivos ni conservantes, contribuyendo a la mejora del medio ambiente madrileño y a la fijación de población en el medio rural. Esta calidad se ha visto recientemente reflejada, a través de la obtención del sello ‘M, Producto Certificado’, que garantiza la calidad y procedencia de los productos producidos o elaborados en nuestra región.

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